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Riego del huerto


Cada planta necesita su cantidad de agua. Dentro de la misma especie esto puede ser a su vez variable porque depende de la estación y del estado de crecimiento.
Es importante conocer estos datos para programar oportunamente el riego.
Se pueden individuar algunas reglas. Es preferible regar a menudo, suministrando limitada cantidad de agua, en vez de efectuar esta práctica más raramente utilizando grandes cantidades de agua.
No hay que suministrar más agua de la necesaria, tanto para no producir daños a las plantas, como para evitar derroches.

Cuanto regar

Buena parte del agua no va absorbida por las raíces y baja en profundidad en el terreno. Esto sucede sobre todo en los terrenos pobres de arcilla, que no retienen el eventual exceso de agua.
Es necesario recordar que las raíces de las hortalizas viven en los primeros 30/40 cm. de terreno y las de las plantas de fruto normalmente no superan el metro y medio de profundidad.
Por lo tanto, toda el agua que desciende en los extractos inferiores, en la práctica es agua perdida. Además, durante las horas más calurosas del día, la parte de agua que queda en la superficie está sujeta a una intensa evaporación, por lo que se pierde en su mayoría en la atmósfera.

Cuando regar

Las plantas tienen necesidad de agua sobre todo en dos estaciones:
durante la primavera, cuando el crecimiento de los brotes y de los frutos es más rápido;
durante el verano, en los días muy calurosos, para compensar la pérdida debida a la transpiración de las hojas y para que no se marchiten.
Obviamente es necesario tener en cuenta la evolución climática: en las estaciones cuando la lluvia es suficiente a cubrir las necesidades de las plantas no es necesario regar.

Precauciones

No regar nunca las plantas justo antes de la recogida.
En muchas hortalizas de fruto (tomate, sandía, melón, calabacines etc.) tal y como sucede en las plantas de fruto, un riego en proximidad de la recogida determina la producción de frutos más ricos de agua, con la pulpa menos consistente.
Esto supone un daño porque los frutos obtenidos así se conservan peor. Además, las sustancias nutritivas, como las vitaminas y las sales minerales, están más diluidas.
En algunos casos se pueden después verificar  pudrimientos o rajado de la corteza que reducen la calidad del producto y favorecen la entrada de hongos y bacterias que provocan enfermedades.

Durante el verano no regar nunca las especies de las cuales se utilizan partes subterráneas, como raíces y bulbos.
Algunas hortalizas de raíz, como la zanahoria, o de bulbo, como el ajo y la cebolla, no deben regarse durante el verano excepto en los periodos de elevada sequía y, aún en este caso, con cantidades muy limitadas de agua.
Esto sucede porque la excesiva humedad del terreno puede favorecer la formación  de podredumbre.

Durante el verano no regar nunca en las horas más calurosas del día.
Si se dejan mojadas las plantas bajo el sol intenso, las gotas de agua que permanecen en las hojas o sobre los frutos concentran los rayos solares sobre su superficie y ello puede provocar ustiones en las partes más sensibles.
Este fenómeno es conocido como el efecto lente. Para prevenirlo es preferible regar por la mañana temprano o por la tarde después de la puesta del sol.
Donde existan cultivos sembrados a filas distanciadas es aconsejable distribuir el agua sobre el  terreno entre una y otra planta.

No utilizar nunca para el riego un tubo de goma desprovisto de rompechorro
Si utilizamos un chorro demasiado violento sobre la vegetación o sobre el terreno, se pueden provocar notables daños, especialmente a las jóvenes plantas y a órganos especialmente delicados como las flores y los pequeños frutos.
También la superficie del suelo, si se moja improvisamente con violencia, queda alterada:  una vez que se evapora el agua suministrada, sobre el terreno se formará una costra superficial compacta, que constituye un obstáculo para el crecimiento de las plantas y limita enormemente la filtración del agua.
Incluso la práctica de utilizar un dedo como rompechorro delante de la apertura de la goma es desaconsejable, porque no es fácil en todo momento controlar  la dirección y la intensidad del chorro de agua.



 



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